Una de las razones a las que más me agarro para justificar mi intentona de ser parte de El Hobbit es que me lo merezco. Dejé muchas cosas atrás cuando decidí venir a Nueva Zelanda mientras la incertidumbre aún rodeaba a la película, y durante todos estos años aquí he dejado pasar otras oportunidades y otro estilo de vida, sólo por El Hobbit.
Pero también es verdad que no dejé atrás más de lo que cualquiera deja cuando decide cambiar de vida, cambiar de ciudad o cambiar de trabajo. Y es igual de verdad que todo lo que he podido perder por llevar aquí tanto tiempo, lo he ganado en otro tipo de experiencias.
En la página de HobbitMe la gente me escribe a veces que me lo merezco, que deberían dejarme ser un extra en "representación" de todos los fans alrededor del mundo que cumplirían su sueño apareciendo en la película de alguna manera. Y en el fondo creo que tiene su parte de verdad, que sería una justicia muy fácil de ejecutar y de gran calado, poco gusta más a los fans que una buena historia de un sueño hecho realidad gracias al poder de internet, y de toda la gente echando un cable desde su ordenador.
Pero esta semana me he topado con una historia que ha cambiado en cierto modo mi manera de verlo.
Es la historia de Melissa Kern. Melissa es, como tantos otros, una fan acérrima de Tolkien desde que de pequeña se hizo con una copia de El Hobbit. Y como la mayoría, cuando se llevó a la gran pantalla El Señor de los Anillos estalló de alegría. Después de las películas, empezó a involucrarse en organizaciones y eventos relacionados con Tolkien y con las películas de Peter Jackson y se convirtió en una persona con cierta importancia, al menos entre los fans americanos, y en concreto los habituales de la Dragon Con.
Pero durante 2007 Melissa, que por aquel entonces era cinturón negro de taekwondo, empezó a tener problemas para mantener el equilibrio y para mover las manos con normalidad. Unos meses más tarde, en diciembre de ese año, le diagnosticaron Esclerosis Lateral Amiotrófica, una enfermedad sin cura y con una esperanza de vida de entre tres y cinco años.
Melissa tenía un hijo aún en la escuela, y solamente 35 años, con toda una vida por delante se iba a perder muchísimas cosas; una de ellas eran las películas de El Hobbit que tantas ganas tenía de ver. Entonces a su marido se le ocurrió una idea: contra la enfermedad no podían hacer nada, pero contra la idea de que Melissa no pudiese ver las películas quizás sí, ¿y si en lugar de simplemente verlas pudiera ser parte de ellas? Para siempre. Obviamente nada de esto era cura alguna, ni le daría a Melissa la oportunidad de disfrutar de su familia y su vida durante más tiempo, pero al menos sí le daba un sueño que poder cumplir a muy corta distancia. Y yo al menos tengo muy claro que los sueños son el motor del mundo, y son capaces de muchas cosas.
Así que su marido puso en marcha un proyecto llamado Fiver (el nick que Melissa utilizaba en internet) pidiendo que la escogieran como extra en las películas. Empezó a moverlo en secreto, sin que ella supiese nada, y en marzo del 2008 por su cumpleaños le reveló la sorpresa; habían conseguido 884 firmas y desde aquel día se lanzaron de lleno sin más secretismos. Entonces ocurrió lo que ocurre con el boca a oreja del siglo veintiuno, que cobró vida propia en internet, y unos meses después, cuando llevaban unas 4200 firmas, Matt Dravitzki (la mano derecha de Peter Jackson y su asistente en el día a día fuera del plató de rodaje) contactó con Chris (el marido de Melissa) para decirle que su historia les había emocionado y que Peter Jackson y Fran Walsh (su mujer) querían que les informara sobre cómo estaban las cosas con El Hobbit; quienes leyeran mi blog cuando llegué a Nueva Zelanda sabrán que la película sufrió muchos retrasos, y dado el poco tiempo que tenía Melissa, el tema se estaba convirtiendo en una preocupación.
Era mayo del 2008, y Chris y Melissa recibieron las buenas noticias: Peter Jackson quería llevarse a Melissa a Nueva Zelanda para ser una extra en Hobbiton cuando comenzara el rodaje.
Pero siguieron los retrasos. En mayo de 2008 Melissa aún caminaba y era en general la misma de siempre, aunque ya había empezado a deteriorarse. Cuando por fin la película se puso en marcha y llegó el momento de cumplir el sueño de Melissa era Octubre de 2011, y Melissa ya no podía caminar, ni estar de pie, ni utilizar un ordenador, ni siquiera hablar. Se comunicaba con Chris únicamente con la mirada, moviendo los ojos, y me imagino que no fue nada fácil organizar un viaje hasta Nueva Zelanda con esas circunstancias.
Peter Jackson y Fran Walsh se hicieron cargo de todos los gastos y organización; se llevaron a Chris y Melissa a Nueva Zelanda, les consiguieron los hoteles, un conductor privado para llevarles a todas partes, estuvieron viajando por la Isla Norte antes de que llegara el momento del rodaje, no tuvieron que pagar nada en ningún momento y no dejaron de visitar cuevas (la única del mundo con acceso para silla de ruedas) o sobrevolar en helicóptero localizaciones que se utilizaron en El Señor de los Anillos...
Y el momento llegó, Melissa (y su marido) fueron transformados en hobbits y participaron como extras en una de las escenas de Hobbiton. Melissa ya es, y siempre será, parte de El Hobbit.
Más aún, hace un par de semanas, cinco años después de haber sido diagnosticada de su enfermedad, Melissa pudo incluso ir al cine a ver la película, en la sesión golfa de las 12 de la noche, con todos esos fans con los que casi diez años atrás empezó a moverse para organizar eventos y compartir una misma afición. Batiendo incluso las expectativas más optimistas sobre su esperanza de vida.
Después de leer esta historia (que Peter Jackson quiso mantener en el más absoluto secreto hasta después de estrenada la película), en cierto modo me sentí satisfecho porque se había hecho justicia a la causa de todos los fans. Esa causa que en un principio yo veía como mía, y que con frustración contemplaba cómo era ignorada por Peter Jackson o por quien tuviera la potestad de ayudarme; cuando la realidad es que en poco más de tres meses Peter Jackson se enteró de la historia de Melissa y puso absolutamente todos los medios a su alcance para que pudiese cumplir su sueño.
Yo me alegro mucho por ello, me parece que justicia nunca ha tenido un significado tan rotundo.

Mi papa tuvo la enfermedad. Cuanto me he identificado con Melissa. Gracias por mantener viva la esperanza de las personas que sufren ELA
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